martes, 11 de abril de 2017

El mesón

Suena: Fever[Django's Cadillac]


   Había algo de animal en sus manos, que recorrían todos los rincones de su cuerpo, y que tomaron su sexo y su cabello a la vez, como si quisieran arrancárselos, como si cogieran tierra y hierba al mismo tiempo.

   Cuando cerraba los ojos sentía que él tenía muchas manos que la tocaban por todas partes, muchas bocas tan suaves que apenas la rozaban, dientes agudos como los de un lobo que su hundían en sus partes más carnosas. 

Delta de Venus ☘Anaïs Nin



   Entraron en aquel mesón de carretera.

        Ella lucía su espléndida figura enfundada en una blusa apretada, roja como el fuego, con estrechez en su abultado pecho, generoso escote, y unos tirantes con un recogido metálico plateado que le daban un toque mucho más atrevido. Una corta falda  que dejaba ver con generosidad sus torneados muslos, y unos zapatos con tacón alto, cómodos al paso.





       Él, pantalón clásico y  camisa azul ,sus sienes plateadas y el cabello hacia atrás, con ese porte maduro e interesante.

       En la barra, unos cuantos  de hombres tomando un aperitivo, un refresco, o una copa de vino,  no pueden evitar fijar su mirada en aquella mujer, y en su compañía.

    Él, orgulloso, enlaza su cintura con una mano y la atrae ligeramente; sonríe, es una sonrisa de victoria, de orgullo, de sentirse agraciado por ser él quien la posee.

     Entran en el comedor;  vacío, aún es temprano,escogen la mesa redonda, para sentarse más cerca,  situada en un rincón, con cierto amparo de miradas indiscretas.

    Sus manos se tocan levemente encima de la mesa, solo de vez en cuando, casi a escondidas; sus ojos se reparten con generosidad miradas de fuego.       Probablemente están en un descanso de su encuentro de pasión.Tal vez llevan horas poseyéndose, sin embargo  el fuego no amaina, sale a borbotones; esas miradas no engañan.

            Con cada viaje de comida que se llevan a la boca, se inicia una ceremonia de sensualidad; relamen con pasión el tenedor, se lo extraen con lentitud entre los labios, limpiándolo en cada acción;mientras sus ojos no dejan de mirarse.

        Ella pincha un espárrago, entero, y lentamente se lo acerca a la boca. Con la punta hacia adelante. Abre los labios y saca con delicadeza la punta de la lengua, que roza el extremo del mismo. Pone los labios en “O”, cerraditos, y empieza a introducirlo entre los mismos.

     Se para y lo saca ligeramente, para volver a seguir metiéndolo.; él entre tanto se mordisquea el labio inferior.

       Cuando lo tiene todo dentro, abre los labios y muestra sus dientes como se clavan en el tronco, dejando solo la punta trasera sujeta al tenedor, y lo engulle, ensalivándolo lentamente.

    Él responde con un respingo, seguido de una mirada lánguida, con la boca entreabierta.

       Ha empezado a entrar más gente, el comedor se va llenando: matrimonios de cierta edad, grupos variados, madres con niños recién nacidos, solitarios varones con un especial y morboso interés en observarles.

       Él lo sabe, y, al amparo del mantel, desliza su mano hacia las piernas de su amante.Ella responde con un gesto en su rostro, claramente excitada, y separa sus muslos.

      El camarero les trae los postres,-les obliga a detener su juego -  Puding en la cuchara;  pastelitos en la de su amada. Cucharas en aquel ir y venir lento, sensual. Otra vez el fuego cruzado de sus miradas.

    Y
la mano que vuelve donde estaba. 
 que sube, despacito.
 Sus dedos largos, hábiles, diestros,
 ladean, juguetean...
..y el calor,
 la hoguera húmeda
 deseoso de un nuevo encuentro.

El esfuerzo se nota,
pero el deseo puede más.

Un cortado que no llega.
Una palabra

-“¿Volvemos?”-
© MaRía

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