viernes, 25 de marzo de 2016

El Pianista & II

Suena: Lang Lang Listz Un Sospiro

          Cerró la puerta casi sin ruido, se colocó frente a ella y de esa manera  comprobar si en algún momento iba a reaccionar.

-Luci- le dijo mirándola directamente a los ojos- que no te imponga demasiado respeto el piano, solo debe hacerlo lo justo. Debes respetarlo, el va a ser tu instrumento pero solo si cuando te acerques a el puedes sentir sus vibraciones y el puede sentir los latidos de tu corazón en cada uno de tus dedos.

        No te sientas asustada, no pienses que no vas a poder hacerlo, si estás aquí es porque sientes una pasión hacia la música que este piano nos ofrece.


       Suavemente alargó la mano y la llevó hasta el piano, apoyándola en su espalda, era casi un roce pero lo suficiente para hacerle llegar a escasos centímetros de la madera negra y brillante.

-Perdone- consiguió   decir- supongo que estoy más nerviosa de lo que esperaba.

         Pero era todo una excusa, realmente sus nervios se debían a su mirada cuando le hablaba sobre el piano y lo que podría llegar a hacer con él.


-No te preocupes, y sobre todo no me llames de usted, si tienes alguna pregunta o duda dirígete a mi como Sebastian, puedes tutearme. De hecho lo prefiero, por favor.

-Bien, perdone... digo... perdona Sebastian.

            Ya no dijo nada más durante unos minutos, se limitó a sonreir muy levemente y a recoger unas partituras de la mesa escritorio.

           Luci seguía allí de pie observándole; al girarse se quedó pensativo con los ojos medio cerrados, mirándola como si estuviera decidiendo algo. Soltó de nuevo las partituras sobre la mesa y se acercó a ella quedándose tan cerca que pudo volver a sentir aquella sensación agradable del olor que desprendía.

          -Vamos a hacer hoy algo Luci, verás;-hablaba muy despacio, con un tono suave y tranquilo- voy a enseñarte a valorar este instrumento, quiero que llegue un momento en el que lo mires y no sea un extraño para ti, que sea parte de ti, como una prolongación de tus manos. Que despiertes por la mañana con el único deseo de tocar y elevarte con sus notas, y al acostarte te sientas como si toda esa música que tus manos han creado, han servido para hacer feliz a alguien, aunque sea a ti misma...

       En ese momento sintió  que el corazón estaba tan acelerado que apenas podía controlar la respiración,  era por sus palabras, la pasión que vio en  su forma de hablar del piano, de la música. Realmente quería sentir todo aquello, quería sentir todo aquello, quería ser parte de ese instrumento y hacer nacer esas notas de las que hablaba a través de sus dedos.

-Mira Luci, tócalo, siente su suavidad y dime si te parece frío o por el contrario puedes adivinar su calor y sensibilidad, cada una de estas cuerdas son un camino a la libertad de la música que saldrá, son como puentes que debemos ir saltando, delicadamente uno y luego otro.

         Durante aquella hora y media todo lo que hizo con el piano fue acariciarlo, seguir las instrucciones de Sebastian para según el, fundirse con la madera, llegar a sentirlo como si su alma estuviera escribiendo notas que llegaría a tocar en cualquier momento.

        Dori tocó a la puerta muy levemente. Sebastian miró el reloj con expresión extrañada.

-Es la hora Luci, si Dori no llama no me doy cuenta, se me ha pasado el tiempo volando.

-Si, a mi también. Ha sido una clase... no sé, distinta a lo que pensaba.

-Ya imagino, pero aprender a tocar el piano no es solo cuestión de saber donde poner los dedos y empezar a tocar lo que indica el pentagrama. Debes identificarte con lo que tocas y saber por qué lo haces.

       En ese momento se arrepintió  enormemente de no haber empezado desde niña, de no haber insistido mas a sus padres porque según hablaba Sebatian más sentía  que había perdido el tiempo. Todo lo que decía le llegó  muy dentro, era como si pudiera experimentarlo cada segundo sin haber llegado a tocar siquiera una sola tecla del piano.

Sebastián la acompañó a la puerta y en el salón estaba Dori esperando con el siguiente alumno.Ya en la puerta se giró  hacia él otra vez.

         -No lo olvides; si cuando llegue la hora de tu próxima clase no sientes que quieres ser parte de ese piano y que él sea parte de ti, mejor no vengas.

Lo miró por primera vez fijamente  a los ojos y solo pudo articular una palabra.

Volveré...

 © MaRía





Creative Commons License
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Compartimos entre pieles

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...