viernes, 5 de febrero de 2016

Tocando el cielo

Suena:  Ombra Mai Fu [Cecilia Bartoli] 

          Siempre me gusta sorprender o variar, que esta casa que es la vuestra tenga vida, como la propia vida: con risas y lágrimas , amores y desamores, ternura y pasión , en verso o en prosa [en definitiva cualquier color y matiz del que están forjados los sentimientos].
           Por este motivo hoy cambio un poco de registro y os dejo un fragmento de un relato que puede que alguno de vosotros ya lo haya leído hace tiempo.
               Espero os guste.
 Un besito,  María 


          A veces la verdad está tejida con imposturas, lo hueco tiene la importancia de lo lleno, las cosas calladas cuentan tanto como las que se han dicho, si no más..
      Somos todos seres de ficción, y nuestras quimeras nos definen mucho más que el nombre, la nacionalidad, la fecha y el lugar de nacimiento que figuran en nuestros documentos de identidad…”
La doble vida de Anna Song 
[ Minh Tran Huy]

               Llegamos a la casa. Nos tendimos frente al fuego y cada poro de nuestra piel se fue acoplando como una armadura de perfectos anclajes.

             Sus ojos brillaban cual bronce pulido, su pelo vagaba como olas de luna sobre el satén de la alfombra, sus labios ardían con la intensidad de la lava líquida, sus manos dibujaban una red inextricable de caricias, todo su cuerpo temblaba como relámpago intenso y cada palpito nuestros cuerpos trazaban las rejas de una cárcel de amor.  

¿Dónde estabas cuando me desangraba? 
¿En qué lugar del mundo te refugiabas? 
¿Qué hacías cuando yo perdía la guerra? 
¿Por qué preludias el alba en esta noche desfondada? 
¿Por qué no me dejas librarme del amor? 

        Una balada de invierno amansó nuestros contornos magnificados por el fuego de la chimenea hasta que se hizo el silencio.

Su rostro se tornó en un piélago tranquilo perlado de sudor.

           Cuando se durmió con su cabeza reposada sobre mi pecho, pensé en la absoluta verdad del tiempo relativo; en sólo unas horas consiguió reconstruir todos los entresijos hasta hacerse un cuerpo y un alma conocidos. 

           Fuera, manaba el amanecer poniendo rostro al paisaje de una nueva eternidad. El borroso resplandor de la aurora hizo guardia en nuestro sueño, protegiéndonos contra la corporeidad de un mundo que regresaba, irrefrenable, a sus dominios. 

          Si no me hubiese dormido, tal vez habría esbozado una inocente sonrisa, pensando que por mucho que ame nunca llegaré a librarme del amor. 

La inocencia tiene una larga mirada 
y un corto camino que el amor alarga 
hasta dimensiones estelares.
© MaRía


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