viernes, 31 de julio de 2015

De Derrota[s]

Dyango y Paco de Lucía - Europa [Carlos Santana]

La muerte no es la pérdida más grande en la vida. 
La mayor pérdida es lo que  muere 
dentro de nosotros mientras vivimos.
Norman Cousins
-Ella se despidió con una sonrisa

-Él la miraba mientras se alejaba ¿te vas?

-sí

-¿para siempre?

-tal vez

-¿volveré a verte?

-échame de menos...
© María

  Tantos recuerdos. Tantas palabras dichas. Tantos momentos vividos. Tantas sonrisas. Tantas canciones escuchadas. Tantas películas vistas. Tantos llantos compartidos y tantas risas con lágrimas. Ese “tanto” duele demasiado cuando la persona con la cual hemos vivido una gran parte de nuestra vida nos dice adiós, pero no por unas horas, sino para siempre. 

     Y una parte de nosotros muere cuando de sus labios salen aquellas palabras de despedida. Se despide con un fuerte beso antes de irse. Y ese beso significa que en sus labios se lleva nuestra alma, nuestros sueños, la luz que ilumina nuestros días, se lleva la razón de nuestro vivir. Deja la puerta abierta. 

      Vemos cómo poco a poco se va desvaneciendo en la calle, el sonido de sus pasos alejándose de casa, vemos cómo su imagen se va haciendo tan pequeña como una fotografía, sus pasos se escuchan cada vez más débiles. Y que al igual que se iba, una parte de nosotros se iba también. Finalmente el silencio entra por la puerta y ese escalofrío nos sacude el cuerpo. No escuchamos su voz. Nos quedamos por un largo tiempo viendo hacia la puerta con la esperanza rota por si se arrepiente y vuelve corriendo a abrazarnos y a decirnos “es una estupidez irse, te quiero”. 

     Empezamos a echar de menos hasta las peleas, ahora tienen sentido aquellas discusiones que empezaban por la más mínima tontería. Nos sentimos vacíos, tan vacíos que es prácticamente imposible cesar con esta angustia y acabar con el nudo en la garganta que nos dice ¿por qué no le detuviste? Pero a veces es imposible convencer a alguien de quedarse cuando lo único que quiere es irse. 

      La gente comienza a decirnos que olvidemos porque no vale la pena, pero qué sabrán ellas de todo lo que hemos vivido con esa persona. 

     Olvidar no estaba en nuestros planes y que duela de esta forma tampoco, porque a veces las heridas son el único recuerdo que nos queda de alguien, y quizá esa sea la razón por la cual decidimos no cerrarlas nunca.
  Benjamin Griss 

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